Todas las entradas

Cuando nace tu bebé, también naces tú

2 mayo, 2026

Antes de ser mamá, mi vida tenía ritmo. Horarios, tiempos, planes que se cumplían. Ejercicio, trabajo, relaciones, tiempo personal — todo fluía.

Y un día llegó la noticia que lo cambió todo.

Recuerdo cómo sorprendí a mi Héctor, y cómo en ese instante sentí que todo estaba en su lugar. El embarazo fue una etapa increíble para mí. Gracias a Dios me fue muy bien, sobre todo en el primero. Me sentía fuerte, con energía (especialmente en el segundo trimestre, claro). Aprendí a amar mi cuerpo de una forma nueva, y a amar a esa vida que se estaba formando dentro de mí. Aunque todavía no sabía del amor que en unos meses iba a ser capaz de sentir.

Lo abrumador de querer estar lista

Durante el embarazo leí muchísimo. Libros sobre el parto, la lactancia, qué esperar, qué no esperar. Y por momentos toda esa información, en lugar de tranquilizarme, me abrumaba. Recuerdo pensar más de una vez: “lo único que quiero es un manual práctico donde pueda saber un poco de todo lo que viene”.

En ese entonces fue solo un pensamiento. Pero la semilla quedó ahí.

Lo que pensé que sería el momento más mágico

En mi segundo y tercer trimestre, uno de mis pensamientos más constantes era el parto natural. Leí mucho sobre lo mágica que es esa experiencia, sobre todos sus beneficios — y sí, todo eso es cierto. Pero me clavé tanto con el cómo que se me olvidó algo más grande: lo verdaderamente mágico es traer una vida nueva al mundo. Saber que esa vida se formó dentro de ti, con un amor que no se compara con ningún otro.

Llegó el día. Estaba en mi semana 40 y recuerdo las palabras de mi doctor como si fuera ayer: “tiene que nacer ya, te quedaste sin líquido amniótico. Tenemos que hacer cesárea.”

En ese momento lo único que pensaba era: no, yo quiero mi parto.

Mi doctor me miró serio y me dijo que fuera por mi maleta, y que me veía en el hospital. Creo que de verdad pensó que iba a intentar parir en otro lado. Fui por mis cosas y todavía recuerdo haber abierto un libro buscando qué hacer en una situación así. Hoy, cuando volteo atrás, pienso: me hubiera gustado leer menos sobre cómo querer que fuera mi parto, y un poco más sobre lo que realmente importa: convertirte en mamá. No tanto cómo lo logres.

El momento en el que también nací yo

Sin estar del todo convencida, confié en mi doctor — y eso, al final, es lo más importante. Tuve mi cesárea.

Y en cuanto la vi, entendí que todo lo que había pensado y sentido antes no tenía punto de comparación con lo que estaba sintiendo en ese momento, ni con lo que iba a sentir por esa personita el resto de mi vida.

Nunca voy a olvidar la mirada de mi esposo. Una mirada que no le conocía.

En ese momento no solo nació nuestra hija. Nació nuestra familia, nuestra nueva relación como pareja, y sobre todo nací yo. Porque cuando nos convertimos en mamás, nace una parte de nosotras que antes no conocíamos. Y es en ese momento, donde empezamos a cuestionarlo todo.

Si estás esperando a tu bebé y sientes que la información te abruma, te entiendo perfecto. De ahí nació este espacio — pero esa es otra historia que pronto te voy a contar.

Un abrazo, Ana Tere.

Todos los derechos reservados.
0