Cuando me convertí en mamá por primera vez, algo en mí cambió de fondo. No solo la rutina, no solo las prioridades — algo más profundo. Y conforme mi hija fue creciendo, empecé a empaparme de un mundo que no conocía: lactancia, sueño, alimentación, desarrollo. Todo este universo empezó a llamar mi atención de una manera que jamás imaginé.
Yo pensaba que a los pocos meses de vida de mi hija estaría de vuelta en el mundo laboral que tanto me gustaba. Y no fue así. Tuve la fortuna de poder quedarme con ella, algo que sé que no todas las mamás tienen la posibilidad de hacer — y que admiro profundamente en quienes equilibran trabajo y maternidad cada día.
Aprendiendo de la mano de las expertas
Tomé asesorías de lactancia, de sueño, de nutrición. Cada una me abrió un mundo.
Aprendí muchísimo, desaprendí algunas cosas, y descubrí que muchas de las creencias con las que crecimos no necesariamente eran las mejores para nuestros bebés.
De cada uno de estos temas te voy a hablar a detalle en sus propios artículos, porque hay mucho que contar.
Cuando lo que aprendes empieza a servirle a otras
Y fue así como, casi sin darme cuenta, fui disfrutando cada etapa al lado de mi hija. Al poco tiempo mi hermana se embarazó, y de la manera más natural, fue la primera persona que empezó a preguntarme sobre todo lo que yo iba viviendo. Después fueron amigas, conocidas, y poco a poco más mamás cercanas.
A las que me conocen no les sorprende: me encanta compartir lo que aprendo, especialmente si puede ayudar a alguien más. Para mí, convertirme en mamá fue un cambio enorme. Muchas cosas me costaron. Y justo por eso me gustaba compartir mi experiencia — para ayudar a otras a disfrutar más el proceso de convertirse en mamás.
La sorpresa que cambió todo
Unos años después llegó una noticia que no esperaba: estaba embarazada de cuates. Mis pequeños remolinos.
Recuerdo pensar: “el chiste es que la vida nunca sea aburrida”. Justo cuando empezaba a sentir que dominaba algo, llegó este reto enorme donde de cierto modo tenía que aprender a ser mamá en un contexto distinto: ser mamá de dos al mismo tiempo.
Durante el embarazo me empapé de este nuevo mundo. Y cuando nacieron, muchas cosas fluyeron más naturales que con mi hija — porque ya sabes a lo que vas. Recuerdo mucho a mi mamá decirme: “entiendo que debe estar pesadísimo tener dos al mismo tiempo, pero no hay nada como ser mamá primeriza”. Y tenía toda la razón.
Esta etapa con mis remolinos chiquitos fue cuando más amigas y conocidas se empezaron a acercar a preguntarme cosas. Y cada vez me gustaba más este mundo.
Tanto, que si me preguntaban algo que no había vivido o no sabía, me ponía a investigar del tema.
El empujón que necesitaba
Mi esposo empezó a insistirme: “si de todos modos estás dando tips a tus amigas y conocidas, ¿por qué no haces algo público con esto?”
La verdad no lo veía viable. Por dos razones: seguía abrumada con cuates recién nacidos en casa (apenas me daba tiempo de bañarme, jajaja), y dos, me daba pena. Miedo, también, a que pudiera funcionar.
Pasó el tiempo. Una noche, cenando con nuestros compadres, mi comadre — que estaba embarazada de su segundo bebé, mi ahijado — me empezó a preguntar sobre algún tema de maternidad. Y mientras le respondía, me interrumpió y me dijo: “no sé por qué no has hecho algo con esto, de verdad creo que podrías hacer algo muy padre”.
Entre el cariñoso insistir de mi esposo y el comentario de mi comadre, la idea se me quedó sembrada.
Hacerlo a mi manera
Un día me animé a empezar a crear contenido, y lo hice de la manera más natural posible.
Sin compromisos, sin metas rígidas. Me prometí que mi prioridad iban a seguir siendo mis hijos, y que esto lo haría conforme el tiempo me lo permitiera.
Y sin imaginarlo, la cuenta empezó a tener más vistas de las que esperaba. Los seguidores empezaron a crecer, y con eso mi emoción por seguir compartiendo tips de este mundo que tanto me gusta.
Hoy anatere.tips es eso: un espacio donde comparto lo que he aprendido, lo que he vivido, y lo que sigo investigando. No desde el lugar de la experta perfecta — sino desde el lugar de una mamá que, dentro del caos más bonito, también sigue aprendiendo todos los días.
Un abrazo, Ana Tere.