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Lo que nadie te cuenta de los primeros días de lactancia

2 mayo, 2026

Hay temas en la maternidad de los que se habla mucho, y lactancia es uno de ellos. Pero la mayoría de las veces, lo que se cuenta es la versión bonita: el bebé que se prende perfecto, la mamá tranquila, ese momento mágico de conexión.

¿Y todo lo demás? ¿La frustración, el agotamiento, las dudas? De eso casi nadie habla.

Hoy quiero contártelo desde mi experiencia, no para asustarte, sino porque me hubiera encantado escucharlo antes. Saber que lo que iba a sentir era normal me habría ahorrado muchas lágrimas.

Mi historia con mi primera hija

A mí me costó mucho. Mucho, mucho.

Recuerdo perfecto la frustración de los primeros días. Sentía que no estaba haciendo bien las cosas, que algo me estaba fallando, que no era suficiente. Llegué a un punto en el que estaba a punto de rendirme. Y justo en ese momento, cuando ya estaba decidida a soltar, fue cuando aflojé el cuerpo, dejé de pelear con el proceso, y empezó a fluir.

Esa enseñanza me la llevo para siempre: a veces, la lactancia pide soltar antes que esforzarse más.

Lo que ojalá alguien me hubiera dicho

Si pudiera regresar el tiempo y sentarme a platicar conmigo misma en esos primeros días, le diría estas tres cosas:

1. La leche tarda en bajar. Los primeros días tu cuerpo produce calostro, no leche todavía. Es poquito y eso es completamente normal, tu bebé no se está quedando con hambre, su estómago es del tamaño de una canica. La leche “como tal” puede tardar entre 2 y 5 días en bajar, y eso no significa que algo esté mal contigo.

2. Estimulación es igual a producción. Tu cuerpo funciona por demanda: mientras más se estimula el pecho, más leche produce. Por eso es tan importante poner al bebé al pecho seguido en los primeros días, aunque sientas que no hay nada. Sí está pasando algo, aunque no lo veas.

3. Cuidado con el sacaleches al principio. Sé que es tentador usarlo desde el primer día, pero hasta que la lactancia esté bien establecida, puede causar sobreestimulación. A mí me pasó y no me fue nada bien. Si necesitas usarlo (y a veces es necesario), idealmente que sea con guía de una asesora de lactancia.

Lo más agotador no es lo que crees

Si tuviera que decirte qué es lo que más me marcó de la lactancia, no sería el dolor ni los problemas técnicos. Sería lo agotador que es.

Agotador físicamente, sí, los desvelos, la frecuencia, la postura. Pero sobre todo agotador mentalmente. Porque tu cuerpo está dando todo lo que tiene para sostener a otro ser humano, y eso, aunque hermoso, pesa.

Pero también te quiero decir esto: a pesar de lo difícil, lo agotador y lo frustrante que fue al inicio, para mí valió la pena al 100%. Y digo “para mí” porque cada experiencia y cada situación es única. Pero si me preguntas a mí, lo volvería a hacer mil veces. De hecho, lo volví a hacer, con los cuates fue una historia muy distinta, pero esa te la cuento en otro artículo.

Pedir ayuda no es fracasar

Una de las mejores decisiones que tomé fue buscar a una asesora de lactancia. Me ayudó a entender lo que estaba pasando, a corregir lo que estaba haciendo distinto, y a sentirme acompañada en un momento en el que me sentía perdida.

Y si soy honesta, quien más me apoyó en todo este proceso fue la pediatra de mi hija. Me escribía cada dos o tres días para saber cómo iba, y ese acompañamiento me motivó muchísimo. Hasta hoy le tengo un cariño enorme.

Por eso te lo digo con el corazón: rodéate de profesionales que te acompañen, no solo que te resuelvan. No tienes por qué hacerlo sola, y pedir ayuda no significa que estés fallando.

Significa exactamente lo contrario.

Y si al final no fluye como esperabas, también está bien.

Quiero cerrar con algo que para mí es muy importante: no existe una única forma correcta de alimentar a tu bebé. Hay mamás a las que la lactancia les fluye desde el primer día.

Otras a las que les cuesta y lo logran. Otras que combinan con fórmula. Y otras que dan biberón desde el inicio.

Todas son mamás amorosas. Todas están haciendo lo mejor para sus hijos. Lo que importa es que tu bebé esté bien alimentado y tú estés bien, emocional y físicamente.

Recuerda que comparto desde mi experiencia personal como mamá, no como profesional de la salud. Ante cualquier duda sobre tu bebé, consulta siempre con tu pediatra de confianza.

Un abrazo, Ana Tere.

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